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Ely Méndez Mantuvo la Historia de Grandes cantantes de Billo’s

Ely Méndez Mantuvo la Historia de Grandes cantantes de Billo’s

Narrativa de la trayectoria de Ely Méndez en la Orquesta Billo's Caracas Boys mediante anécdotas y remembranzas.

🎵 Música 18/03/2022
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@Alflupmare

Ecos de Aquel País: Ely Méndez Mantuvo la Historia de Grandes cantantes de la Orquesta Billo’s Caracas Boys.

 

Saber que Ely Méndez había fallecido debido al coronavirus, me trasladó de inmediato a comienzos de los años 1970s, cuando si la memoria no me falla la Billo’s seguía con solo dos cantantes (Cheo García y Memo Morales) luego de la salida de José Luis Rodríguez quien había sustituido a Felipe Pirela. Solo para 1972 se decidió Billo a reemplazarlo y trajo a un joven de muy buena voz y manejo de la escena, solo que la imagen de José Luis Rodríguez y Felipe Pirela complicaba el ambiente por el tema de las comparaciones. Nadie discute la jerarquía de “El Puma” y Felipe Pirela dentro de los cantantes venezolanos, sin embargo Ely Méndez supo asumir el reto y lograr a su manera cubrir la vacante de ambas luminarias, para así estabilizar el panorama vocal de la orquesta.

 

Los sábados al atardecer transmitían un programa en Radio Sucre llamado “A Gozar Muchachos”, allí revisaban la historia de la orquesta Billo’s a través de sus cantantes y canciones en distintas épocas, por supuesto sonaban muchos temas contemporáneos entre los cuales sonaban varios con la nueva adquisición: Ely Méndez. Resultaba divertido y emocionante escuchar el programa, si estaba en casa de mis abuelos y sonaba algún tema de antaño, abuelo sonreía y refería alguna anécdota de un baile o un bar, o botiquín como los llamaba él. Si íbamos en el carro rumbo a Cumaná por la carretera Cumanacoa-Cumaná, papá subía el volumen del radio cuando sonaban aquella especie de estribillo que entonaba la orquesta antes de empezar un set: “Para bailar…solo se necesita…el repicar de un par de maraquitas…un buen tambor, un güiro, una muchacha…y una buena musiquita…cantando…cantando…cantando y gozando…y una buena musiquita”.

 

Siempre me simpatizó Ely Méndez porque en los mosaicos (aquellas recopilaciones de canciones emblemáticas que coordinaba la orquesta en sus long playings) o en pleno set en una fiesta, cuando venía a cantar él, bajaba el vértigo de la guaracha, se iba el vaivén del pasodoble y la lentitud del bolero daba paso a la oportunidad de estar más cerca de la muchacha que te gustaba: “Tú no comprendes que ya no puedo, vivir sin ti…”, tal vez Ely no llegaba al tono de Alfredo Sadel, pero su cadencia y afinación nos hacían inspirar para al menos sacar dos o tres palabras para piropear a la muchacha. Esos eran momentos únicos que difícilmente se repetían con cualquier otro tipo de música, sobre todo por el ambiente de serenata, la sensación de reunión íntima, la emoción de compartir momentos especiales, que se desplegaba en el influjo de la ejecución de aquellos músicos, de la magia y la mística de aquellos cantantes, de la dicción y la firmeza de la voz de Ely Méndez. Pasaban los minutos y las horas, aquellas reuniones parecían fugaces, aquellos momentos en la carretera escuchando “A Gozar Muchachos” unían a la ceiba de la entrada de Cumanacoa con los cocoteros de la llegada a Cumaná en un solo pisotón al acelerador. Me quedaba en el salón hasta que el utilero recogía el último instrumento o el último atril de la orquesta y preguntaba que hacía ahí. Papá me reclamaba que no podía dejar prendido el carro para seguir escuchando “Que Chévere Sería”, “Qué Haré” o “Nocturnal”.

 

Una de las canciones que mejor retrataba o caracterizaba la capacidad vocal de Ely Méndez era un bolero que iniciaba uno de aquellos célebres mosaicos. El tono de tristeza y resignación mezclado con una especie de terquedad subyacente marcaba el magnetismo del tema. “Viajera que vas por tierra y por mar dejando en los corazones latir de pasión, vibrar de canción y luego mil decepciones…” En medio de la sala colmada de muchachas había que moverse rápido para evitar que algún avispado se adelantara con la que te gustaba, a veces se lograba el cometido y las manos temblaban y sudaban antes de afincarse en la espalda de ella, a veces me quedaba a un paso de extender la mano y debía ver como otro se la llevaba a bailar, entonces fraseaba junto a Ely Méndez la parte más amarga del bolero. “No sé que será sin verte, no sé que vendrá después, no sé si podré olvidarte, no sé si me moriré…” Pronto me llamaba la atención y me decía que había muchos peces en el mar, aunque esa sonrisa, los hoyuelos en las mejillas de la muchacha seguía burbujeando al fondo del cráneo, ni siquiera algún trago de bebida espirituosa podía borrarla, o atenuarla. Por eso volvía a cantar casi a dueto con Méndez “Viajera que vas…”

 

Cerca de las cinco de la tarde, cuando en Radio Cumaná difundían el desfile de éxitos musicales, muchas veces nos atrapaba un embotellamiento de tránsito vehicular al final de la calle Sucre, lo único que nos tranquilizaba un poco era aquel jingle de la emisora que decía “Una Cumanesita Musical”, entonces terminábamos de bajar la ventanilla del carro y sonaba otra vez aquel mosaico, pero ya había pasado la “Viajera”, entonces Cheo García cantaba: “El Pájaro tiene Curujey…Billo, Memo y Ely Méndez tienen Curujey…ae”.

 

Alfonso L. Tusa C. 15 de febrero de 2021.©

 

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