Suspenso en la Mansión Zerpa

Se rumoreaba que en algún remoto pueblo de España,  hace años una tragedia sucedió.  Tragedia, que se convirtió en un ejemplo,  que los padres usan para reprender a sus hijos cuando curiosos son... Donde la mayor diversión era hacer de halloween lo mejor. 

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Suspenso en la Mansión Zerpa

 


Se rumoreaba que en algún remoto pueblo de España, 

hace años una tragedia sucedió. 

Tragedia, que se convirtió en un ejemplo, 

que los padres usan para reprender a sus hijos cuando curiosos son...

Donde la mayor diversión era hacer de halloween lo mejor. 

Sin embargo, todo tiene un límite que cuando se cruza, todo pierde el sentido.

Y si nunca te han dicho que la curiosidad es un delito.

Pues te invito a que sigas leyendo.

Pero antes te relato la tragedia de la que comencé hablando...



NARRADOR OMNISCIENTE:

Retrocedamos en el tiempo, la década de lo 50's. Los niños se disfrazaban, salían a jugar dulce o truco y el halloween no era tan comercial, las costumbres se respetaban y todos sabian lo que podia pasar si a las tres de la mañana aun no llegabas a tu casa. Mientras que la mayoría de los niños merodeaban las calles desde las primeras horas de las tarde para aprovechar al máximo.

 En la casa de la quinta avenida, en la mansión de la familia  Zerpa. El hijo único  yacía asomado en su ventana viendo con anhelo las decoraciones y los demás niños jugueteando. Acaba de cumplir los diez años, poco sabía él de su entorno, pero su única prioridad y duda era ''¿por qué no me dejan salir a la calle?''

Hizo una mueca y bajó las escaleras en busca de sus progenitores al verlos inspiró valor y volvió hacer la misma escena de años anteriores con la esperanza de obtener un resultado distinto.

—Mamá, papá. Prometieron que este año podría salir a jugar dulce o truco— habló él. 

Sus padres se lanzaron una mirada y la mujer que le dio la vida, se arrodillo frente a él.

—Hijo...¿Por qué mejor no vas a la sala de juegos? tu padre y yo te tenemos una sorpresa.

El niño un poco renuente, creyendo que sus padres decían mentiras de nuevo, no se movió en su lugar hizo una mueca, pero algo en la mirada de su padre lo obligó a ir.

Hagamos una pequeña pausa... Si a un niño le dices que no, lo más probable es que siga insistiendo. (Primer error) 

Por eso retomemos...

El niño al salón de juegos llegó, y ahí estaba un disfraz de su tamaño que inmediatamente amó. El salón estaba decorado con cosas de la fecha y las mucamas que solía cuidarlo estaban disfrazas de hermosas catrinas, un par lo ayudaron ponerse el disfraz y luego la distracción empezó.

Las horas pasaron volando y el niño olvidó que quería salir, porque de algún modo le estaban haciendo creer que hacía lo mismo estando adentro. A eso de las 11:50 las luces se apagaron, el salón de juegos fue quedando vacío y el niño volvió a sentirse aburrido. Lo mandaron a dormir ya, sin embargo algo captó su atención. Un grupo de niños que pasaron corriendo por el jardín y se escabulleron en la propiedad. Aceptó irse a su habitación y espero que todos se durmieran.

La mansión era muy grande y el personal también, por eso la actividad en la vivienda siempre acaba muy tarde. 

Se estaba quedando dormido cuando noto que ya no había más ruido afuera, con sigilo se acercó hasta su puerta, la entreabrió y comprobó que ya no había nadie. El reloj de su habitación marcaba ya la madrugada. Con algo de temor y pensando que quizás los niños ya no estaban, se debatió entre salir o no. Pero una fuerte convicción lo invadió 

(segundo error: Cuando presientas que lo que haces es un error, retrocede y plantéatelo dos veces, primero)

Él salio y rapidamente se colo al jardin trasero, camino y camino, el viento frío soplaba y hacía que su débil cuerpo temblará. Pero no le importo y siguio caminando hasta que empezó a oír murmullos.

—Shh...

—Alguien viene...

—Nos van atrapar.

—¡Callense...!

Y ahí los vio, un grupo de ocho niños en total, mayores que él, sintió entonces una emoción extraña, la primera vez que interactuaba con alguien que no eran de la mansión. Pero se volvió tímido ante todas las miradas que recaen en él.

—Solo es un niño— hablo el mayor viéndolo con desdén.

Observó que uno de ellos llevaba un tablero, el otro una navaja y los demás cargaban con lo que parecen ser velas.

—¿Q-Qué hacen en mi casa?— habló por primera vez.

Los del grupo se vieron entre ellos y murmuraron

—¿Vives aquí?

Asintió

—Pero si nunca te hemos visto.

—Nunca me dejan salir— se excuso avergonzado.

—¿Nunca? ¡Ja! Ya pasó tu hora de dormir, lárgate.

Frunció su pequeño rostro y no se dejó amedrentar con la burla que habían soltado, se hizo espacio entre ellos y volvió a preguntar que hacían. Pero no le respondian. Paso rato para cuando el tablero y las velas cobraron sentido, colocaron las velas en circulo y las encedieron de modo que el tablero estaba adentro.

El que había hablado primero tomo la navaja y se cortó la mano manchando el tablero con su sangre.

Todos permanecieron en silencio, y a medida que se extendía la curiosidad del pequeño niño crecía.

—¡Bah! No pasa nada, todo es una mentira de tu abuela— otro chico empujó al mayor.

—Nos hiciste perder el tiempo Maylon. 

El aludido molesto evadió al resto y se marchó, los demás igual que él le siguieron, dejando todo en el piso como si nada. Se pregunto que si le habia dicho al tal Maylon mentiroso porque igual lo seguían, pero también se dio cuenta que estar solo ahí no merecía la pena. Se dispuso en volver a su habitación, a mitad de camino se detuvo. Una brisa más fría que lo usual, sopló.

—Román...

—¿Mamá?— pregunto en voz alta

Vio a su alrededor y noto que no había nada, no le dio importancia y siguió avanzando.

—¡Pst!  cariño...

Volvieron a decir su nombre, volteo atrás y con curiosidad le pareció ver un juego de sombras, corrió tras ellas.

—¡Cariño!

Ante el llamado corrió con más ímpetu.Pero aun así no lograba alcanzar.

— Cariño ¡Alcanzanos!

Finalmente se encontraba en el lugar donde había estado minutos atrás, se sorprendió ver que la velas siguen encendidas, pues la brisa que le había soplado era bastante fuerte.

—Roman...

—¡Roman!

—¡Roman!

Comenzó a sentir agobiado, no veía de donde provenían las voces, le resultaba frustrante saber que le era conocida las voces y no poder ver a las personas, hasta que su mirada recayó en el tablero cubierto de sangre, su vista se centro en el líquido carmesí, se fue acercando con una curiosidad innata, hasta que se agacho y su mano se manchó.

—¡Roman!

(Tercer error: si no ves quien te llama, no prestes atención)

Un juego de sombras se alzaron a su alrededor, una neblina espesa cubrió toda la mansión. Risas desquiciadas se oían, las luces de la mansión se encendían y apagaban y antes de que el interior pudieran reaccionar un incendio repentino detonó. 

Las últimas palabras que el niño oyó fueron...

—La curiosidad a veces puede ser tu perdición, pequeño Roman...

Sus ojos se perdieron antes las sombras y la vida se le fue sustituida. 

Así acabó esa tragedia con lo restos de la mansión Zerpa. Para el pueblo siempre fue un misterio lo que ocurrió, nunca se investigó lo que pasó, pues en cada intento algo acababa con la investigación. Por eso se corrió el rumor que si intentaban averiguar lo que había pasado la curiosidad te terminaría acabando. En un intento de pasar página a todo ese cuento de terror en las ruinas de la mansión Zerpa, años más tarde un hotel se levantó.

 

access_time10/04/2021 21:14
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