La familia ingalls vs la familia de hoy

ingalls

  La familia Ingalls, o la pequeña casa de la pradera, es una serie de televisión producida y transmitida por la cadena NBC entre los años 1974 y 1983. Desde pequeño me atrajo el estilo en que vivía esa familia. En primer lugar por los valores cristianos que allí se reflejan, en donde la oración en familia, y el servicio dominical eran parte natural de sus vidas. De tal manera, que las escenas se desarrollan mayormente en un pequeño pueblo, en donde sus lugareños, de condición humilde, enfrentan las adversidades de la vida con un profundo sentido de cooperación.

  Otro de los aspectos que me llama poderosamente la atención es la evidente felicidad de esa familia, en tiempos cuando la tecnología aun no estaba en su apogeo. En este sentido, se aprecia un contacto permanente de los chicos de aquel entonces con la naturaleza, y la vida campestre. Por otro lado, las horas de la comida se convertían en francas conversaciones de padres a hijos, y de esposo a esposa. De tal manera que el contacto visual, las sonrisas, y el agradecer por los alimentos, se convertía en un ejercicio cotidiano, pero a la vez espiritual y muy profundo.

  Este estilo de vida, sencillo, natural y significativo, me lleva con un sentido de nostalgia a mis años de niño. Para la década de los setenta, el país se encontraba en plena bonanza petrolera. Por esta razón, mucha gente pobre de la provincia se vino a la ciudad en busca de trabajo. Fue de esta forma que se poblaron las montañas que rodeaban a la ciudad de Caracas, transformándose con el tiempo en lo que hoy llamamos barriadas. Mis padres, fueron parte de esa migración que vino a la ciudad en busca del progreso.

  De esta manera, es que mi vida se desenvuelve en un barrio al oeste de la ciudad. No obstante, debo decir que la realidad de estas barriadas para ese entonces, no era la misma de hoy. Al respecto, recuerdo que muchas veces, mi padre podía llegar de la iglesia a la casa, incluso en horas de la madrugada, sano y salvo. Sobre este aspecto, también debo decir que había delincuencia, pero no como la de hoy. Los amigos de lo ajeno en su mayoría eran muchachos que vagaban por la zona, tratando de intimidar a la gente por un poco de dinero. Muy pocos tenían armas sofisticadas, como las que usan hoy, y eran escasos los que tenían la sangre tan fría para arrebatarla la vida a alguien. Por otra parte, recuerdo que los policías que vivían en mi barrio entraban y salían uniformados, y eran personas muy respetadas.

  En este orden de ideas, cuando hago una analogía del estilo de vida de esa familia con la de hoy, encuentro un gran abismo. En primer lugar, los padres, y las personas mayores tenían una posición de honor en el seno familiar. Los viejos eran escuchados. Había dirección, orden, y transmisión de valores de padre a hijo. En contraste, hoy día son los hijos quienes controlan y manipulan a los padres. Por cierto, hace pocos días veía en un canal local de televisión a un psiquiatra invitado a un programa de noticias trasmitido en horas del medio día. El profesional de la salud mental decía que es el niño quien decide su sexualidad, y que los padres deben respetar eso. "Se me revolvió la bilis, y le hice el reclamo al canal. Sin embargo, no encontré respuestas".

  Sobre este aspecto, creo no estar equivocado cuando afirmo que como sociedad hemos perdido el norte en lo que se refiere a moral y luces. De tal forma, que confundimos la libertad con el libertinaje. Incluso, parte de la iglesia cristiana en el mundo, tiene un relajo con respecto a principios bíblicos que a mi juicio, aun están vigentes. Cuando pienso en esto, entiendo que en el fondo se trata de una provocada y sistemática destrucción de la familia, la cual viene desde el mismo infierno.

  Ahora bien, volviendo al tema de la tecnología, debo decir que ciertamente ella nos trajo lo bueno de estar informados y comunicados en tiempo real. Sin embargo, fue un nicho que supieron utilizar los mercaderes del sexo. De tal manera, que en una sociedad débil en el sentido moral de la palabra, este negocio floreció. Pues cuando las personas carecen de propósito de vida y dirección espiritual, lo banal manda, y alguien se enriquece.

  En ese sentido, me aterra ver cada día adolescentes embarazadas, o dedicadas a ser actrices de películas licenciosas, incluso estrellas de programas infantiles en donde se fomenta la hipersexualidad infantil. ¿Qué clase de libertad es esta?,¿donde está la autoridad de los padres?, ¿en donde perdimos el camino como sociedad?, ¿dónde está la voz de la iglesia en temas tan vitales para la construcción de familias sanas?.

  Cuando reflexiono en esto, me doy cuenta que soy como el hombre aquel de una película que vi cuando niño. Se trataba de un cavernícola, que queda atrapado en una cueva luego de un cataclismo universal. Estando en la caverna, encuentra una planta mágica que consume para no morir de hambre. Y resulta que ello le hizo dormir un sueño profundo de cien millones de años. Cuando despierta, se encuentra en medio de una moderna metrópoli. Por lo que aterrado decide volver a la realidad de su cueva. Allí trataba de discernir lo extraño e inexplicable de esa experiencia. Quizá en su interior pensaba.... "alguien se volvió loco".

 

 

Eden Barrientos
Director Oasis de Paz, Ministerios
Centroamérica

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