Entre Guerras, Conflictos y Aventuras 1.

Historia de la convergencia e dos familias (primera parte). El pasar de la existencia presenta coyunturas; lo que parece ser un común denominador.

Seguir leyendo
Entre Guerras, Conflictos y Aventuras 1.

Entre Guerras, Conflictos y Aventuras 1.

Cuando los abuelos paternos se casaron comenzando el siglo pasado (1.914), en Valencia, España, y contando ambos con tan solo 21 años de edad; imagino que no había cabida entre sus pensamientos de esperanzas, sus anhelos y los sueños de ambos, de tantas intrépidas soluciones por las que debían optar, y tomar las decisiones adecuadas para resolver situaciones que se presentaban en el camino que les correspondía andar y que la vida con sus altos y bajos les tenía reservado. De esta manera, juntos, vieron llegar la Primera Guerra Mundial. Hasta que poco tiempo después de su matrimonio, e iniciado el conflicto, emigraron a Las Américas –para la época, así solían llamar desde Europa a esta parte del mundo-. Al final del viaje en barco (poco más de una semana), tras la angustia del bombardeo a la nave y tal vez con gran ansiedad por el recuerdo de la tragedia del naufragio del Titánic en 1.912, atravesaron el Atlántico arribando a la ciudad de Nueva York. El clima frío de esa pujante urbe, poco colaboró en su recibimiento, y después en su mejor estadía; por lo que decidieron tomar camino hacia el sur. Sopesando su vida futura mientras andaban por varias localidades en su camino sureño, llegaron hasta el Estado de la Florida. Allí mejoraba lo del clima, que ahora se presentaba templado. El otro gran tropiezo que debían vencer era lo concerniente al idioma; algo que al parecer fue un contratiempo mayor, porque a pesar de considerar su estadía definitiva en tierra norte americana, al cabo de un corto tiempo arribaban a la hermosa ciudad de La Habana, capital de Cuba. Isla que para la época había dejado de ser colonia española y gracias a las inversiones extranjeras y a la alegría por la libertad que otorgaba su independencia, tenían un futuro prometedor; lo que supongo les cautivó. Finalizaron este largo periplo unas semanas después, cuando fueron a parar a la ciudad de Ciego de Ávila, en la antigua provincia de Camagüey, en el extremo oriente de la isla mayor de las Antillas. El abuelo se desempeñaba en lo que hoy llamaríamos contratista civil. Luego de reunir cierta cantidad de pesos trabajando para otros, comenzó por comprar casas arruinadas, que reparaba, remodelaba y pintaba, para luego vender. De esa manera, trabajando, comenzaron por asentarse y ver pasar los años, y también, ver nacer a sus siete hijos.

Por algún motivo que desconozco, después de varios años de feliz estadía en Cuba, la familia completa viajó de regreso desde la Habana hasta Barcelona y luego a Valencia. Pocos días antes del golpe de estado de 1.936, e ignorante de cuál iba a ser el futuro inmediato, mi abuelo regresó. La noticia de la imprevista situación española la recibió en el barco, en pleno océano Atlántico, pero no podía hacer nada para regresar.

La economía había dejado de ser tan prospera en la isla y tocó, por la necesidad imperiosa de recursos inmediatos, vender algunas de las propiedades con las que ya contaban, enviando los recursos a España. La familia comenzó a vivir los desmanes de una guerra, así que, bombardeos y hambre se liaban con el día a día. El abuelo comenzaba a desesperar cuando escuchó que hacia el sur del Mar Caribe, en tierras continentales, un país comenzaba a sobresalir del resto, gracias al descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo. Con todo el dolor que aquello podía ocasionar, dejó atrás su vida, y se abrió paso a una nueva aventura. En esta ocasión solo. No había más que hacer, con su familia en España y una cruenta guerra civil en progreso, debía producir recursos para enviarles y que pudieran pasar aquel desastre lo mejor posible. El pandemónium español terminó siendo un holocausto. Por medio de trueques, sobornos, situaciones clandestinas y peligrosas, la abuela y sus hijos luego de dos años de penurias, hambre y enfermedades, junto a tres familias más, lograron escapar escabullidos dentro de un barco pesquero pocos meses antes de finalizar el conflicto armado. Luego de un viaje muy difícil para la pequeña embarcación, atravesando incontables tropiezos como tormentas, diarreas y vómitos, y de varias semanas en pleno océano Atlántico, arribar al puerto de La Guaira, donde el abuelo se conducía a diario en ferrocarril y esperaba ansioso su llegada.

 

Jl. Furió.

access_time07/06/2021 17:14
remove_red_eye8 Lecturas
thumb_up 0 ME GUSTA Debes iniciar sesión para dar me gusta

Agregar comentario

Debe iniciar sesión para publicar un comentario.
more_vert